Mi visión del mundo

Soy Davinia, natural de Santa Pola (Alicante), un lugar lleno de hermosura que me encanta compartir a través de mis fotografías. Mi mirada está en los pequeños detalles, en la sencillez y en la belleza escondida en lo cotidiano.

Educación y vocación

He sido misionera en México, Bolivia y Granada, donde me entregué a proyectos de educación no formal y acompañamiento comunitario. Allí descubrí el valor de escuchar, de compartir y de sembrar esperanza más allá de las aulas.

Desde hace varios años, mi vocación educativa se vive directamente en la escuela. Soy maestra de Religión en Primaria y Secundaria, y además especialista en Inglés y en Audición y Lenguaje. La educación emocional, el cuidado integral del alumnado y el respeto a los ritmos de cada persona son parte esencial de mi forma de enseñar.

Esta sensibilidad dio vida al Proyecto UbunTu, un proyecto de cuentos y recursos educativos que busca tocar el corazón a través de la palabra y la imagen. Puedes descubrir más sobre él en la sección correspondiente.

El huerto como espacio vital

Cultivar mi propio huerto urbano ha sido un descubrimiento profundo. 

No solo me conecta con la tierra, sino también con Dios. 

En ese espacio de vida sencilla y silenciosa encuentro el ritmo de la creación: la paciencia de la siembra, la espera del crecimiento, el milagro de lo pequeño que florece.

Es un gimnasio físico y mental, sí, pero también un espacio de contemplación, de gratitud y de sentido. Una forma de estar presente, de cuidar y dejarse cuidar. Desde ahí también brotan muchas de mis reflexiones, que comparto con cariño en mis libros y en mi día a día.

Cómo miro el mundo

Creo en mirar el mundo con hondura. En no quedarme en la superficie. Me importa lo invisible, lo que no se dice, lo que se intuye. 

Me acompaña la convicción de que la belleza está muchas veces en lo frágil, en lo pequeño, en lo que no busca destacar.

Deseo aprender a mirar la vida con más misericordia, más esperanza, más empatía. A valorar con calma los pequeños detalles, lo que parece mínimo, lo que a menudo se olvida. 

No somos perfectos, pero necesitamos horizontes para seguir caminando y creciendo. Y eso es, para mí, lo más humano que hay.

Belleza

Tal vez vivir sea, en el fondo, un ejercicio constante de volver a mirar. De detenerse. De abrir los ojos del alma para reconocer esa Belleza que no siempre grita, pero que susurra. Y cuando por fin logramos escucharla —en una conversación sincera, en una semilla que brota, en el gesto callado de alguien que cuida—, algo dentro de nosotras también florece. Porque al buscar lo esencial, también nos reencontramos con lo que somos.

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